miércoles, 15 de mayo de 2013


  

        RESERVA DEL MANU: EL BOSQUE DEL TESORO



Atardecer en Tambopata (Alejandro Balaguer/Promperu)
A 4,000 metros sobre el nivel del mar y con dos millones de hectáreas de extensión, la Reserva del Manu -localizada en los departamentos de Madre de Dios y Cusco- se extiende como un manto verde de bosques agrestes y rincones de exultante belleza, habitados por miles de especies de flora y fauna, ajenos y distantes a la vorágine de la civilización. Es nuestro museo del tesoro; la vitrina de la ecología con paisajes trazados por salvajes pinceles de la naturaleza que conserva la inspiración de su Creador desde hace millones de años.
La Reserva del Manu es el mayor de los Parques Nacionales del Perú y, sin duda, el más diverso. Si pudiéramos observar esta región desde el espacio, veríamos que se trata de una enorme región altitudinal que va desde las cumbres altoandinas, a más de 4 000 metros sobre el nivel del mar, hasta la llanura amazónica, apenas a 200 metros de altura.
Reserva del ManuEl Manu, es una de las 56 Áreas Naturales Protegidas en nuestro país, con sus casi dos millones de hectáreas -la mitad de la superficie de Suiza- y, claro, es uno de los pocos lugares del mundo -por no decir el único- en el que el proceso evolutivo de las especies no ha sido interrumpido ni condicionado por el aluviónico desarrollo tecnológico; razón que justifica la declaración de Patrimonio Natural de la Humanidad concedida por la UNESCO en 1987.

LAS MIL CARAS DEL MANU

La Reserva del Manu, está ubicada en la parte sur oriental del territorio peruano, al Este de la Cordillera Oriental de los Andes, comprendiendo territorios de los departamentos de Madre de Dios y Cusco, cubriendo áreas representativas de los Altos Andes, Selva Alta y Selva Baja.  Dada su ubicación geográfica en la base de los Andes, y lo abrupto de su fisiografía, el Manu presenta una amplia gama de climas y paisajes. Desde las frías punas, a más de cuatro mil metros de altitud, hasta las tórridas llanuras inundables amazónicas.
Esta variedad climática, unida a las diferencias de relieve y de tipos de suelo, origina una gran diversidad natural, tanto en especies de flora como de fauna. Sus bosques son considerados como uno de los territorios mejor conservados del planeta; un banco de riqueza biológica que cuenta con una gran diversidad de flora y fauna (de las mayores en el mundo), habiéndose registrado más de 800 tipos de aves, 200 mamíferos, un centenar de variedades de peces y cerca de un millón de especies de insectos y otros invertebrados.
Reserva del ManuEn cuanto a la vida animal silvestre, el grupo taxonómico más abundante y diverso lo constituyen las aves, estimándose un total de 960 especies, que constituye el 51 % del total de especies registradas en el Perú. En el caso de los mamíferos, se tienen registradas 160 especies de las 480 en el Perú. Y en este mundo de inusual verdor sobreviven especies que están al borde de la desaparición, como el gallito de las rocas (Rupicola peruviana), considerada el ave nacional del Perú, el otorongo (Panthera onca), el felino que reina en la Amazonía y las maquisapas negras (Ateles paniscus), ágiles monos que han encontrado refugio en los árboles del Manu.
Todo es sorprendente en el Manu: la incontenible fuerza de su río, la presencia de aves raras como el paujil, oriunda de la amazonía y similar a las gallinas, o la perdiz azulada, la de mayor tamaño de su especie; o el simple regocijo producido por la sombra benefactora de los árboles, como el cetico (Cecropia sp.) o el tornillo (Cedrelinga catenaeformis). Y también sorprende el desfile de hormigas cortadoras de hojas, el revolotear de las coloridas mariposas (existen registradas más de 1,300 especies), la quietud de los caimanes en las riberas del río o la exhibición gimnásticas de las decenas de monos que se balancean en los árboles.
GuacamayosTambién la espesura de su selva esconde algunos secretos del Hombre. Los Petroglifos de Pusharo, con sus enigmáticas inscripciones y figuras talladas, ubicados en el Bajo Palotoa o los inquietantes caminos de piedra que conducen a las ruinas de Mameria, son evidencias de una extinguida cultura.  Pero la sapiencia de los grupos humanos extraviados en los vericuetos de la historia ha sido heredada por las etnias amazónicas; tribus que no han sido contactadas. Ellos son nómades, y en su incansable y cíclico andar parecen predicar que es posible vivir en comunión con la naturaleza.

NATIVOS ANCESTRALES

Varios grupos nativos tienen su hogar en las remotas selvas del Manu. Su historia es la historia de la depredación y hasta del genocidio, causados por los occidentales  que comienza a invadir y avasallar los bosques primero en busca del caucho, luego de las maderas finas y ahora, sin haber dejado la extracción clandestina de éstas, amplía su radio destructor mediante el narcotráfico, la minería de río, la agricultura, la ganadería y el turismo mal entendido.
Reserva del ManuAlgunos de estos grupos, como los yaminahua, amahuaca y amarakaeri, evitan por decisión propia el contacto con el mundo occidental, prefiriendo vivir en lo más profundo de los bosques. Otros, como los piro -llegados hasta esta región a principios de siglo, con la famosa expedición del cauchero Carlos Fermín Fitzcarrald- o los machiguenga (los más numerosos en el área), yine y harakmbut, se vienen integrando de una u otra manera a la sociedad mayor. Contados nativos trabajan como guardaparques y colaboran con la protección de la reserva; otros, participan en los diversos proyectos científicos como guías, motoristas o asistentes de campo. La administración del parque Manu permite su libre tránsito por la reserva e incluso la caza y pesca, siempre y cuando éstas se realicen con métodos tradicionales y fines no comerciales

TURISMO DE AVENTURA

Oso Perezoso de 3 dedosNo cabe duda que la Reserva del Manu es todo un abanico de oportunidades para el desarrollo del turismo de aventura. Aquí es posible la práctica de actividades de aprendizaje y disfrute de la naturaleza por parte del visitante, y la participación de las comunidades locales con el fin de desplegar actividades económicas que garanticen un uso responsable de los recursos naturales y culturales. Hace 30 años los turistas solo iban al Manu a ver la flora y fauna. Las comunidades nativas estaban totalmente dejadas de lado. Pero, en los últimos años esto ha empezado a cambiar notablemente: el concepto de turismo vivencial está permitiendo que las comunidades fortalezcan y valoren su identidad cultural.
Es interesante destacar el proyecto Turismo Comunitario Shepitiari se articula en el turismo vivencial y está en manos de un grupo machiguenga. Aquí destaca la  Casa-Albergue Matsichenka (o Machiguenga),  inaugurada en 1999 y viene funcionando por la iniciativa de líderes comunales jóvenes que han tenido la oportunidad de conocer experiencias serias de ecoturismo en diversos lugares del mundo.
De todos modos, ahora el turismo que visita el Manu se ha venido desarrollando principalmente en la llamada Zona Reservada buscando la observación de animales (aves, mamíferos grandes) en contacto con el bosque pero hoy se abre una interesante opción en la Zona Cultural, donde es posible la actividad humana con menos restricciones, en un área que desciende desde las alturas andinas hasta la selva baja, pasando por el bosque de nubes. Esta alternativa además faculta la práctica de actividades deportivas y de aventura que en el Parque no están permitidas.
Rana Arborícola de Tambopata (Alejandro Balaguer/Promperu)Por ejemplo, tenemos los paseos en carretas tiradas por llamas (auquénidos), llamados “Llama Taxis” que están operados por la comunidad campesina de Jajahuana y ofrecen dos circuitos. El primero recorre 15 kilómetros entre Acjanacu y el mirador Amazónico de Tres Cruces; el segundo ofrece un recorrido variable (según el gusto del visitante) entre Acjanacu y el bosque nublado del Manu.  Otra de las opciones para el visitante atrevido es subirse a una bicicleta de montaña y continuar su descenso a través del flanco oriental de los Andes, realizando un recorrido sin cuestas empinadas, por una carretera bien mantenida, deteniéndose a voluntad y observando el paisaje que cambia constantemente a medida que se desciende. Igualmente, es de destacar que en el bosque nublado del Manu están además, los únicos cuatro ríos tropicales accesibles en menos de una hora desde el Cusco, para la práctica del rafting y kayak ya sea por profesionales o amateurs durante la mayor parte del año.
El Manu seguirá siendo un mundo aparte. Un mundo rodeado de enigmas y misterios que, según las leyendas, oculta en sus entrañas al mítico Paititi o El Dorado, la ciudad perdida de los Incas, dónde se encontrarían los tesoros del Tawantinsuyo. Especulación centenaria o no, leyenda nacida en los primeros años de la conquista, la única certeza es que la Reserva del Manu cobija una auténtica riqueza natural que debe ser respetada. Será un tesoro para los hombres del futuro y una delicia para los hombres de hoy. Es nuestro gran tesoro ecológico.








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